El paseo · 8 de octubre de 2026 · 5 min
Qué va en la chapa: el teléfono antes que el nombre
Qué poner en la chapa de un perro: qué va grabado, en qué orden, qué no sirve de nada, qué pide la ley y el plazo de cuarenta y ocho horas para avisar.
En corto
Un teléfono y el nombre del perro, en ese orden. Dos líneas, nada más. El número de microchip no lo puede consultar un particular, la dirección no sirve y el nombre del dueño lo resuelve el teléfono. La ley se cumple con el chip; la chapa resuelve la hora siguiente.
En esta página
Que el microchip no se lee desde la acera ya está dicho en este diario. Lo que queda por decidir es qué se graba en lo que sí se lee.
Porque la chapa la lee una persona, no un lector. Alguien que tiene al perro con una mano y el móvil con la otra, de pie en mitad de la calle. Todo lo que no sirva en esos treinta segundos sobra.
Qué poner en la chapa de un perro
Un teléfono arriba. El nombre debajo. Y se acaba.
| Qué va grabado | Qué hace quien lo lee |
|---|---|
| Un teléfono | Llama. Es la única línea que devuelve al perro esa tarde |
| Un segundo teléfono | Llama al otro cuando el primero no contesta |
| El nombre del perro | Lo llama por su nombre y el perro se queda quieto |
| El número de microchip | Nada. Un particular no puede consultar a quién pertenece |
| La dirección | Nada útil, y queda escrita en la calle |
| Estoy identificado | Nada. El lector no lo tiene él |
| El nombre del dueño | Nada que no resuelva el teléfono |
Las cuatro últimas filas ocupan sitio y no mueven una llamada. Es la prueba que conviene hacerle a cada dato antes de encargar el grabado: si quien encuentra al perro no puede hacer nada con eso, no se graba.
Por qué el teléfono va delante del nombre
Es el orden contrario al de un regalo, y es a propósito.
Cuando se graba un objeto para regalar, el nombre es el gesto: por eso va primero y a veces va solo. Una chapa que ya está puesta en la calle trabaja para otra persona, que no conoce al perro y que no va a deducir el teléfono.
El nombre tampoco es decorativo. Un perro suelto y nervioso se para cuando oye su nombre en una voz que no conoce, y eso le da a quien lo ha encontrado los segundos que necesita para cogerlo del collar. Pero es el segundo dato, no el primero.
Qué pide la ley y qué no pide
La Ley 7/2023 obliga a «mantener permanentemente localizado e identificado al animal conforme a la normativa vigente» (art. 24.2.f). No dice chapa. No dice collar. Remite al sistema que fije cada comunidad autónoma, y ese sistema es el microchip: la propia ley mide el cumplimiento en chips cuando su preámbulo cifra en el 27,7 % los perros que llegan a un centro de acogida identificados.
De ahí sale el reparto, y conviene tenerlo claro antes de grabar nada:
- El microchip y el registro cumplen la obligación. Un perro sin chip no está identificado por mucha chapa que lleve.
- La chapa no sustituye al chip. No es un requisito legal: es lo único legible sin aparato.
Las dos cosas no compiten. Una responde ante la administración y la otra ante el vecino del portal de enfrente.
Qué pasa en las cuarenta y ocho horas siguientes
La misma ley pone un plazo a la pérdida: hay que «comunicar a la autoridad competente la pérdida o sustracción del animal en el plazo máximo de cuarenta y ocho horas desde que se produjo la misma» (art. 24.2.g).
Dos días es mucho tiempo en la calle y poco tiempo de trámite. Lo que decide esas horas no es el chip, que necesita que alguien lleve al perro a un veterinario o a una protectora con lector. Lo decide si el número grabado está vigente y si alguien lo coge.
De ahí dos comprobaciones que no cuestan nada:
- El número que se graba es el que se contesta. No el fijo de casa, donde no hay nadie a las seis de la tarde.
- Si el teléfono cambia, la chapa se rehace. Es metal: cuesta poco y se cambia sin tocar el collar.
Cuántas líneas caben, que es el límite real
En una chapa caben dos líneas cortas. Nueve dígitos ocupan una entera.
Así que la segunda línea es la que se disputa: o el nombre, o un segundo teléfono. Con un solo dueño en casa, el nombre. Con dos personas que se reparten los paseos, los dos números y el nombre fuera — el perro no necesita leerlo.
En un cuello de veinte centímetros el margen es más estrecho todavía, porque la pieza no puede crecer para que entren más caracteres: el tamaño de la chapa lo decide el perro, y eso está en la escala del collar de un perro pequeño. Dónde se monta —colgando de la anilla o plana sobre la tira— es otra decisión, y cambia el ruido antes que la lectura. El resto del pilar, en el paseo.
Una chapa con dos líneas limpias y un grabado profundo se lee a un metro durante años. Una con cinco líneas no se lee ni en la mano.
Preguntas frecuentes
¿Qué se pone en la chapa de un perro?
Un teléfono y el nombre del perro, en ese orden y en dos líneas. El teléfono es lo único que devuelve al perro el mismo día. El nombre sirve para que se quede quieto mientras lo cogen. La dirección, el nombre del dueño y el número de microchip no aportan nada a quien lo encuentra.
¿Es obligatorio que un perro lleve chapa?
No. La obligación legal es tener al perro identificado y registrado conforme a la normativa de cada comunidad autónoma, y eso se cumple con el microchip. La chapa es voluntaria, y es lo único que una persona puede leer sin lector.
¿Hay que grabar el número del microchip en la chapa?
No sirve de nada. Un particular no puede consultar a quién corresponde un número de chip, así que esa línea ocupa espacio sin producir una llamada. El número se guarda con la cartilla, no en el cuello del perro.
¿Qué hay que hacer si se pierde el perro?
Comunicarlo a la autoridad competente en un plazo máximo de cuarenta y ocho horas, según el artículo 24.2.g de la Ley 7/2023. En paralelo, el teléfono grabado en la chapa es la vía rápida: no necesita que nadie lleve al perro a escanear.
¿Se puede poner el nombre del perro sin riesgo?
Sí. El nombre no abre ninguna puerta: sirve para frenar a un perro suelto y para que quien llama sepa de qué perro habla. Lo que no conviene grabar es la dirección, que queda escrita y colgada del cuello.
Fuentes
- Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, art. 24.2.f y 24.2.g, BOE
- Preámbulo de la Ley 7/2023: porcentaje de perros identificados con microchip a su llegada a centros de acogida, BOE
- Líneas y caracteres de grabado en chapa observados en producción propia, PETIT GOS
Quién escribe
Escrito en el taller. Trabajamos la piel a diario: lo que publicamos sale de cortar, coser y ver cómo envejece el material. Escríbenos si algo no cuadra con tu experiencia.